El cliente, el más guardado y protegido, el más invisibilzado de esta historia, es el protagonista principal y el mayor prostituyente. La explotación de mujeres, de niños y niñas se hace solo posible gracias al cliente aunque su participación en este asunto aparezca como secundaria, como secuela de un flagelo, como subproducto de una oferta. Los trabajos que se dedican al tema los ignoran y a los clientes mismos les cuesta aceptar su condición. Representarse como tales.